No quiero soltar tu mano,
quiero agarrarla y tocar el piano.
Entonemos una canción única,
saquemos un sonido del saxo,
unifiquemos el aura con la sinfonía,
creemos la perfección,
seamos alfa y omega,
encontremos nuestro nirvana.
Ella: hoy estas intranquilo, me estas besando de otra forma ¿es por ella?
ÉL: es por muchas cosas.
Ella: es que alguien tan especial no cumple años todos los días.
Él: ¿cómo sabes que hoy es su cumpleaños?
Ella: mi amor, después de ella te has abierto tanto espiritualmente que eres como leerte un libro y sé, que la extrañas como nunca, pero lo que no entiendo es que extrañas de ella.
Él: todo; besar su frente, sus mejillas estrelladas, sus manos infinitas, abrazarla en las tardes de calor, escribir sobre su cuerpo desnudo, verla reír, sentir su aroma, consolarla en su llanto, acariciar el tiempo con sus ojos negros, quemar el cielo en las tardes. Hay tantas cosas que lo único que me producen son ganas de fumar.
Ella: y al fin y al cabo, ¿en su cumpleaños le dijiste algo?
Él: le hice llegar un libro y un diseño, y hoy cuando la vi tan suya y tan feliz caminando me acerque como si fuera un fantasma y después de tanto tiempo de olvido un sentimiento muy parecido a la nostalgia bajó mis armas y le dije; feliz cumpleaños.
Ella: seguro ahora piensas regresar con ella.
Él: no. Todo lo que te he contado se ha borrado de mi memoria, estoy tranquilo, soy dueño de mi mismo y de mis emociones, me desahogaste, igual, este cumpleaños se lo ha llevado el carajo.
Ahí estaba ella, con el cuerpo desnudo afrontando el calor de la tarde. Está recostada, inerte y la respiración agitada apenas si se siente. Ahí está, recibiendo besos tibios en la frente, como si fuera una diosa, también besos en las mejillas y en el horizonte de su pecho. Su vientre plano se transformo en un lienzo adorado con las manos, con los labios, con la mirada y con la sutileza de la pintura que con un espasmo sobrenatural expreso tanto en tan poco y con el arrebato y la pasión en el lienzo se escribió “I will love you for ever and ever”. Tambien le beso la mano, las piernas largas y siguió escribiendo en su cuerpo, un cuerpo que en las noches pide ser escrito de nuevo.
Hoy la vi con una diadema negra, nunca la había visto de tal manera. Su cabello recogido de una manera sensual me provocaba un nuevo arrebato de abrazarla. Brillaba con su hablar, con su elocuente coquetería me desarmaba, rompió mi barrera y me inundo en un dulce mar en donde las olas traían su aroma de lejos… y a lo lejos estaba ella con su diadema negra, con su silueta perfecta… a los lejos estaba ella, sentada, sola y diáfana, dando sonrisas de victoria y dando gestos de desdicha, quizás buscando mi atención perdida, atención que ella ya tenía desde que la vi con su diadema negra.