Despliega tu lienzo,
desnuda tu cuerpo.
Sofócate con mis besos,
mira a la nada.
No grites,
yo te quiero.
Aquí en la nada
está tu callada mirada,
tu mano negra
tus ojos violetas
tus sueños nuevos
y uno que otro que dueño muerto.
Aquí en la nada
estoy sin estar,
soy sin ser.
Soy visto
pero paso desapercibido.
Aquí en la nada
somos lo que no somos,
figuras de un juego
quebradas por el fuego.
Podría quedarme dormido en tus piernas
disfrutando de la paz regalada
del aroma de tu pecho
del sol desnudo
de un viento nuevo
de tus ojos mirando al cielo.
Esta lluvia,
lo envuelve todo,
reflejando el manto oscuro,
profundizando en los recuerdos más inhóspitos.
Traes contigo la nitidez,
el resplandor del ayer
de un hermoso ayer.
Parece una lluvia de fuego,
lenta y dolorosa,
cruje sin cesar, así, sin más.
Es como quemar el cielo.

Ella: Ha pasado mucho tiempo, ¿Por qué no regresas?
Él: Ya no tengo a donde regresar.
Ella: Puedes regresar a mis abrazos.
Él: No, no quiero.
Ella: ¿Por qué?
Él: Porque cuando más necesité de tus abrazos me soltaste y abrazaste a otro.
Ella: Ahora quiero abrazarte a ti.
Él: Ahora he cambiado.