Se me van las letras de la mente, el poeta ya no tiene que escribir.
Dejas deambular tu figura humana en una cortina de cabello negro, enrollado tu alma en aspas metálicas. Dejas de ser la de antes, pasas a ser la de ahora.
Pobre oscuridad que representas, esta estropeada, esta humillada. Mi diosa, ¿Dónde dejaste tu amor?
Ya no lo encuentro en tus abrazos, en tu mirada, en tus besos trémulos.
Gracias Gondwana por hacer vibrar los corazones de Quito, otra vez.
Ayer 21 de agosto se realizo un concierto muy esperado. Gondwana regresaba al Ecuador después de un año.
Y es que el grupo chileno ayer hizo bailar y cantar a todo pulmón los temas de su último disco Resiliente (no muchos se sabían las canciones) y también los temas románticos que tiene la banda.
También dar un fuerte abrazo a Alma Rasta que dieron un bien espectáculo y a la espera de su nuevo disco, que todo les salga bien.
Si hay algo malo que recalcar del concierto se puede decir que la fila interminable. Estuvimos desde las 19:00pm y hasta no más de las 22:00pm no pudimos entrar, era una cola interminable y apenas cada 15 o 20 min se avanzaba unos pequeños pasos.
Ya adentro, llegamos cuando Alma Rasta estaba en el escenario y mientras nos ubicamos les siguieron el grupo Guerrilla Clika, de este grupo no puedo decir gran cosa la verdad, no me gusto. En el trascurso de su tocada me dedique a hacer sitio en el suelo y acostarme a descansar. Ahora estoy en la universidad y tengo que levantarme a las 5:35am para las clases. Después de una hora de espera por fin se presento Gondwana y bueno, lo demás es demasiado como para contarlo, pero en sí, el concierto lleno mis expectativas y la de los otros recurrentes, un sueño hecho realidad, otra vez.
Al final hubo un momento de unión con todo y es que Gondwana sacó una bandera de Ecuador, la sostuvo y junto a ella hicieron el respectivo agradecimiento (arriba la foto)
Fue el mejor regalo de cumpleaños que me pude dar yo mismo, ya cumplí 18 años, soy mayor de edad, y me estoy haciendo viejo.
El recuerdo de Paula era el recuerdo de una viuda. Una viuda que el desecho de su vida porque se dio cuenta a tiempo que llevaban caminos diferentes.
Llevaba meses siguiendo esa amistad, una amistad dudosa que nunca proponía nada. Él sabía de la vida amorosa que su amada llevaba, pero cuando encontró la oportunidad de calar sus intenciones más sinceras una información le quitó el velo de sus ojos y solo ahí pudo darse cuenta que la persona que amaba estaba en otra realidad que él no veía.
Era la alocada vida que llevaba Paula, su embriaguez sobrenatural, sus atajos en la vida, su poca autoestima y más aun el sufrimiento que ella le causo a Jorge cuando acordaron ser amigos lo que causo en él la irremisible decisión de separarse de ella.
La amaba en lo absoluto, pero también le dolía tener cerca a la persona que amaba y no poder tocarla. Quería lo mejor para ella y decidió alejarse porque él sabía cuan duro sería llevar una carga tan pesada.
Fueron semanas duras de no llamarla, de pensarla, de descifrar esa dudosa mente. ¿Qué pasará por esa mente?
Consiguió llevar esa lucha por años, haciendo lo de siempre, hasta que ahora solo podía quedar postrado en una cama, con una confidente muda, pero llena de amor.
Así se desvaneció el amor, lo poco que quedaba de él. En su tumba resonaba la frase “solo Dios sabe cuánto te quise”. La había puesto Carla, en memoria a su viejo amante que yacía muerto e inerte.
En una mañana de diciembre cuando Carla fue al cementerio a visitarlo se encontró con una dama, rebosando unos hermosos ojos, aun no apagados, con el pelo hasta la cintura y una piel blanca. Llevaría la misma edad de Carla y sus expresiones denotaban profundas tristezas.
Cuando Carla le pregunto quién era ella le respondió que se llamaba Paula y que ahí yacía el único hombre que en realidad la amo y que ella no lo aprovecho.
Trato de enganchar tu mirada,
contemplarla en la oscuridad,
te quiero.
Eran los primeros poemas que Paula recibió en la escuela. El autor no dejo nombre y hacia todo lo posible por dejar rastros de su presencia en los poemas, pero aprendió a reconocerlo entre la multitud.
Lo había reconocido por las constantes miradas que él le echaba en clases, un poco tímido pensó pero en su vida actual tenia tantos problemas arraigados que pensar en un amor infantil le era inoportuno. También creyó que él tenía tanto amor por entregarle y ella no se veía en la posición de poder recibir tanto amor, un amor muy grande.
Era tan altiva a su edad y tan llevada que tenía relación con mucha gente, niños de su edad, pero como si fuera una anciana, confundía sus caras, las mezclaba con otras y confundía recuerdos.
Cuando regreso de las vacaciones de verano ya no vio a su pretendiente anónimo que para ese entonces se marchaba en un largo viaje. Le causo la sensación que aquel niño tímido, un poco brillante y despabilado volvería a aparecer en su vida, sabía que él la quería tan profundamente que tarde o temprano se verían las caras.
Pasó un largo tiempo y la vida de ella cada vez iba en una decadencia pobre. Sus problemas familia se mezclaban con los del amor, siempre había una relación que era traicionada por la familia y en más de una ocasión le dijo a su amiga que su padre la maltrataba fuertemente y la encerraba en la terraza de la casa a pasar las noches.
También sus notas en la escuela sufrieron un descenso y eso produjo que se repitiera un curso. Había perdido las riendas de la vida, llevaba una desorganización total y en su ambiente revolucionario de niña adolecente llevaba siempre la ideología de ser una chica poco entendida, problemática y ambiciosa.
Con los años su vida fue de fiesta en fiesta, empezando a tomar y a los 17 años le conto a un amigo que se había convertido en alcohólica y que solía beber semanas enteras sin parar.
En una fiesta ella reconoció la mirada tímida que la veía a lo lejos, como de antes. Esta mirada la buscaba con constancia y ella con el paso del tiempo no supo darle cara a esa persona, la cara la tenía por supuesto, pero la confundía con algo nubloso, soleado, en una mezcla de luna y sol.
Él se le acerco tímidamente con un gesto de soltura natural y le dijo al con mucha claridad “me he enamorado una sola vez de una mujer en mi vida y esa eres tú”.
Ella lo reconoció al paso y se entablo una conversación ligera, amena y graciosa.
Desde que el llego habían concurrido en conciertos, estuvieron muy cerca el uno al otro pero nunca se vieron. Sus destinos habían estado unidos profundamente, pero ella solo veía a un amigo. Un amigo que cambio por completo; más maduro, interesante y pensante.
Pero era solo eso, un amigo. Estaba en mitad de una relación por terminar pues los chismes le dijeron que su hermana mayor estaba también con aquel chico.
La aparición de su antiguo pretendiente le causo profunda serenidad y en una cita que tuvieron ella le enseño los poemas que guardo de él, como un recuerdo de alguien misterioso y querido, pero no tan misterioso porque sabía quién era el autor.
Ella supuso que él sería ahora un gran poeta, pero él le mintió diciendo que solo escribía para ella, pero era tan grande su mentira que por su mente cruzaron los mil poemas escritos para diferentes amores de olvido.
Cuando Jorge conoció a su amor de años atrás se dio cuenta que ella era ahora un espejismo, ya no era una niña hermosa, pero aun así la amaba, pero no estaba claro si amaba su pasada silueta o su nueva belleza madura.
Después de muchos años resumidos de sus relatos Jorge acallo ante la mirada atónita de Carla y este le dijo que aún faltaba más, faltaba quitarle el velo a la viuda.
Cuando Jorge le dijo a Carla que la vista estaba hermosa, ella imagino que aquella noche no harían el amor. Eran muy comunes en él esos cambios de planes tan repentinos. Carla se hizo a él, se acostumbro a su vida, se dedico a amarlo en cada noche que podía, pero ella sabía que no era la única y sobre todo que no era la importante.
Hace mucho tiempo cuando sus los planes de Jorge estaban en una época de cambios absolutos ella le pregunto a que se debían y el simplemente le contesto que le aburría saber lo que va a hacer.
Pero esa noche era diferente. Cuando salieron al balcón, bajo la luz de las pocas estrellas que quedaban Carla lo encontró muy sereno, más pensativo y sus ojos solo miraban al pasado. Desde ese día comprendió que él llevaba una pena de muchos años, cada vez más dolorosa. No se atrevió a pensar que fuera de amor, quizás algo profundo, pero no tanto como el amor.
Jorge estaba sumido en sus recuerdos, encendió un cigarro y con cada fumada que daba recordaba algo, pensó que la vida fuera más fácil si algunos recuerdos se desvanecieran como el humo del tabaco.
La ciudad estaba empapada por un canto de lluvia y se divisaba con claridad las colinas encendidas con casas, el centro de la ciudad con sus hermosas catedrales iluminadas y toda la explanada del resto de la ciudad contaminada por la luz. Con la vista veía todo, cada detalle de lo que era su ciudad y a escondidas se reía cuando lograba localizar la casa de algún amigo. De lo que no se dio cuenta es que su vista estaba buscando la casa de ella, si aun lo era porque desde el día de la fiesta ya no la había visto.
Llevaba dos cigarros y seguía lucido, meditando, pensando su siguiente paso. Entonces miro a Carla y ella lo miro, sus manos se buscaron en la claridad que proporcionaba la luna, se encontraron y se entrelazaron, juntándose y él le dijo – gracias por amarme, siempre necesite de tu amor.
Carla quedo muy sorprendida porque él nunca lo había dado nada, siempre lo quería todo y sin decir nada, pero ahora lo decía, se sintió honrada de cierta forma y con un impulso mas del corazón que del cuerpo lo beso.
De este momento mágico había pasado mucho tiempo, medio siglo y Jorge se encontraba al filo de la muerte, postrado en una cama, con una pila de libro a su mano izquierda que iba leyendo según su ánimo.
No había caído enfermo de alguna enfermedad letal, simplemente se le acabo la vida, eran sus últimos días. Había envejecido tanto, pero siempre su salud fue espléndida. Cuando se hizo ver por un doctor, este le dijo que esas enfermedades son incurables, porque vienen del corazón y son de amor.
No se quejo de sus últimos años de vida, sus amistades también envejecidas lo habían acompañado en sus peores momentos de salud. De algo que nunca sufrió fue de su pérdida de memoria, siempre recordaba las cosas tan nítidas del pasado que las contaba como si fuera de ayer.
Cuando Carla entro a la habitación y se vieron mutuamente, ambos habían envejecido tanto que no se imaginaban desnudos a esas alturas de la vida, solo tenían un amor mutuo de adentro porque lo de afuera era para jóvenes.
Carla siempre tuvo la curiosidad de saber cuál era su pena, cual era la pena que Jorge llevaba hasta sus días. Ese día fue con la determinación de averiguarlo, ella sabia todos sus secretos pero ese nunca lo descubrió, él tampoco se lo conto y hasta ese día hubiera sido el secreto mejor guardado por él, pero algo lo incito a contarle.
El hospital estaba por mandar a las visitas, se había acabo la hora y solo las visitas dispuestas a quedarse a dormir se quedarían. Carla se dispuso a marcharse para regresar mañana, pero él la volvió a buscar con la mano, como en aquella ocasión, le sujetó de la muñeca y le dijo - no te vayas, quédate, quédate conmigo esta noche y te lo contaré todo. Carla agarro su mano, la volvió a entrelazar y le dijo – claro, siempre me he quedado las noches contigo para aguantar tus penas. Acto seguido lo beso en la mejilla y le dijo – te besaría en la boca, pero sabemos a viejos. Jorge la quedo mirando, le perdió el contacto visual y le dijo – siéntate Carla de mi alma, te lo contare todo, te contaré de un amor que se fue al carajo hace mucho tiempo.