domingo, 6 de febrero de 2011

Fue ayer...



Fue ayer que tu cuerpo desnudo se reflejo en mi espejo mientras recurrías a las sombras en tu rostro. Fue ayer, en la tarde que temblabas de frio y volviste a mi pecho en busca de calor, y era el dolor lo que nos unió en aquella tarde de calor. Fue ayer nomas que volvimos a los juramentos de amor con los dedos, nos cruzamos palabras con los besos y nos amamos en secreto mientras nos mirábamos como ciegos. Fue ayer que volvimos a escuchar las canciones que alguna vez escuchamos en silencio… fue ayer que te volví a quererte en serio.

martes, 1 de febrero de 2011

She and Him




Ella: Tengo miedo

Él: ¿de qué tienes miedo?

Ella: de enamorarme de ti, de depender de ti y que cuando sientas mi total amor hacia ti me dejes por alguien más.

Él: si hubiera querido dejarte por alguien más lo hubiera hecho tiempo atrás y no estaría aquí, de pie y con mis ojos posados en tus ojos, y no expandiría todo mi corazón para decir que solo te quiero a ti.

Ella: eso dices ahora, los hombres no tienen sentimientos.

Él: los tengo y tú los conoces.

Ella: aun así tengo miedo de enamorarme y aferrarme a ti, nuestra despedida es muy pronto y es mejor así. Tengo miedo.
Él: no tengas miedo, no de mí por lo menos, porque yo estoy aquí para ti. Quiero estar contigo, besarte, abrazarte y no soltarte. Quiero ver esa sonrisa infinita y esas mejillas estrelladas. No soy tonto, no sacrificaría eso por una aventura. Te quiero y este tiempo contigo ha sido algo único y mágico. Amor mío, mi diosa coronada, despierta y no tengas miedo.

domingo, 23 de enero de 2011

Soñé con Macondo.

Soñé con Macondo. Soñé que recorría sus calles calorosas y que mujeres traídas de Francia me invitaban a sus escondites de amor. También pasé por un cementerio que olía a pólvora y vi como unos soldados bajaban sus armas y se unían al Coronel Aureliano Buendía para luchar por el partido liberal y en el aire una gran sábana blanca subía al cielo junto a Remedios, la bella.

La plaza estaba llena de puestos de fritangas, la gente iba y venía y el tren de las once llegaba con un gringo dispuesto a plantar banano y convertir a Macondo en un desierto. Soñé con Macondo y vi como el tiempo daba vueltas en un círculo vicioso que Melquiades junto con los gitanos armaban las carpas y ponían a disposición de los habitantes de Macondo objetos encantados como la estera voladora y un sin número de objetos que José Arcadio Buendía se atrevió a confundir un bloque de hielo con el diamante más grande del mundo.

El tiempo volvió a sacudirme y me encontré en una de las parrandas de Aureliano Segundo. Estaba bañándose en Champaña y las vacas eran sacrificadas mientras gritaba “apártense vacas que la vida es corta”. Se oscureció y me encontré en la casa de los Buendía, con las begonias y las paredes de cal y el castaño en donde José Arcadio Buendía pasó largo tiempo. El fantasma de Prudencio Aguilar había venido a buscarlo, pero ya no lo encontró y se fue con su soledad a molestar a otro lado, quizás junto con Melquiades. El Coronel Aureliano Buendía se acerca y ve pasar el circo. Viene con su manta vieja y con los ojos apagados por la soledad, presenciaré su muerte.

sábado, 8 de enero de 2011

Hoy


Hoy tenía ganas de expresar el sentimiento transformado en verso, plasmado en besos y difuminado en cielos y hoy solo me queda el refugio de los cigarros muertos, de los poetas ciegos y de los tiempos tuertos. Hoy me queda la compañía de la soledad y de los atardeceres olvidados, el sonido de las melodías mudas y el deambular de los fantasmas. Hoy, como en un espejo la noche se refleja entre atmosferas inertes, deteniendo el hoy, dando paso al mañana.

viernes, 31 de diciembre de 2010

Un nuevo año

Siempre me ha dado un poco de flojera esto del año nuevo. Es el momento crucial para recapacitar las experiencias de un año y clasificar las buenas y las malas. Es recordar las promesas rotas que uno se hizo un año atrás y más se tarda en romperlas que en cumplirlas y es el último día del año para arreglar problemas con algunas personas que dejan la espina amarga de perder una amistad. Pero para resumir este año ha sido muy bueno, y es que no todo a sido muy bonito, he tenido días horribles y catastróficos, pero yo pienso que los momentos buenos son los mejores para limpiar el rastro de los momentos malos, hacer limpión y cuenta nueva y dejar de amargarse la memoria y los recuerdos con sucesos que no son nada buenos para uno.

De momento eso es lo que puedo decir de esta fecha. Ahora solo queda pasar el próximo año haciendo las cosas bien, siendo una mejor persona y tratando de dejar los vicios.

Este apartadito es para ti; para decirte que eres una de las cosas más lindas que me ha pasado este año y que no importa lo que pase, siempre estaré contigo, incluso con ese carácter tan característico tuyo. Te quiero y aunque estas fechas pasemos alejados por la distancia tu estas en mi mente y eso es lo que importa. Te quiero y feliz año nuevo.

Con esto me despido, tengo que hacer el viejo, ayudar en la cocina y salir con los amigos a darnos el último abrazo de este año.

¡Feliz Año Nuevo!

miércoles, 15 de diciembre de 2010

En esta soledad...


Créeme, en esta soledad es cuando más necesito tus besos, tus celos, tus miradas de hielo y aquellos reclamos inciertos.

En esta soledad confusa es cuando más necesito de tu cielo, de que me mires en el reflejo del espejo, pero cuan grande es la herida cuando me muestras tus descontentos. Ya no importa.

En esta soledad es cuando más necesito del viento con el olor de tu cuerpo y de tus manos frías y tus ojos fogosos.

En esta soledad conquistado te extraño y te pienso, evocando los viejos recuerdos, amándote un poquito más en silencio y olvidando el descontento.

En esta soledad de ensueño reflexiono sobre el valor de lo nuestro, de lo que conquistamos en otros tiempos y de que no debimos terminar nuestro sueño. Ahora solo nos queda la soledad de otros tiempos.

jueves, 2 de diciembre de 2010

Vamos hacia delante...


Vamos hacia delante,
naufragando en nuestras manos,
reconociendo el tierno calor.
Soñemos que soñamos
y déjame bañarte en rosas,
rosas de todos los colores,
sabores,
olores…

domingo, 28 de noviembre de 2010

El Poeta y la Princesa

Eran las doce y treinta y siete de la noche cuando el Poeta llego a la calle de los recuerdos. La encontró igual, con sus adoquines secos, con la atmosfera fresca por el frio y con la casa amarilla que nunca perdía su color. Llevaba tiempo caminando, recordando calles y lugares. Siempre se imaginó ese camino, desde hace muchos años atrás lo realizaba en su memoria, esperando el momento de volver a ver aquella casa y timbrar.

Cuando la Princesa escucho el timbre a las doce y treinta y siete de la noche su corazón exalto un viejo aliento a melancolía. Solo puede ser él se dijo a si misma. Se levantó del sofá, buscó algún pretexto en la edad para no abrir la puerta, pero cuando encontró más de cinco ya había girado el picaporte. Lo encontró ensopado por la lluvia de madrugada, con los ojos clavados en una imagen de un tiempo perdido y con la sensación de que llegaba más solo que nunca. Llevaba encima un sombrero viejo, un traje de paño oscuro y una maletita con los versos que había escrito en su destierro. Lo encontró viejo, con la piel blanda, con un pequeño raspado al respirar, pero también lo encontró lleno de vida, como un joven emprendedor, no había perdido la sonrisa y sus ojos oscuros conservaban el brillo primaveral.

El por su parte se fijó en su cabello largo, que si en los días de la juventud tenía un brillo dorado ahora tenía un brillo plateado. Sus ojos, del color miel, su preferido habían sucumbido al olvido y a la amargura de la vida, pero encontró una luz, esperanza. Sus senos habían sucumbido a la dureza de la gravedad. Ambos se analizaron. Aquellos ancianos que ya solo tenían pactado un encuentro con la muerte ahora se enfrentaban a un encuentro con los recuerdos. Se analizaron y cada uno busco aquel recuerdo único, el recuerdo que los unía de por vida y el recuerdo que los obligó a verse a las doce y treinta y siete, con una lluvia ligera. Después de tanto tiempo y vienes a pagar tus deudas con la muerte a mi lado – dijo ella – es lo menos que necesito, un poeta viejo en mi casa. El Poeta no dijo nada, vaciló un momento en la puerta y con su voz ya áspera y ronca dijo – solo soy un hombre necesitado de amor. Rompió la barrera de la Princesa, y entonces volvieron los recuerdos, volvieron a clavarse aquellas palabras como la primera vez que las escuchó y supo entonces que esas palabras eran la clave para flotar en el amor de otra época. No solo le abrió su casa, también le abrió su corazón y aquellas dos vidas se unificaron para darse el último pedazo de amor que les quedaba. A la mañana siguiente, una briza helada entro por la ventana, el día era gris. No lo vieron, ni vieron los pétalos rojos que desfilaban por el cielo honrando al Poeta y a la Princesa. No vieron otro amanecer. Solo se vieron ellos a los ojos, fijamente y compadecieron ante la muerte, y murieron felices, con un último aliento de amor.